ENCUENTRO MUNDIAL MISION RAHMA REPUBLICA DOMINICANA 2003


INFORME EXPERIENCIA DE CONTACTO

 

El pasado mes de Octubre 2003 celebramos el Primer Encuentro Mundial Misión Rahma Republica Dominicana. Un encuentro donde tuvimos la oportunidad de vivir la madurez alcanzada durante todos estos años de misión en el país.

 

La última tarde del encuentro cuatro personas del grupo levantamos dos casas de campaña del lado opuesto del camino donde se encontraba el campamento base, aproximadamente a 1 km de distancia.

El hno. Tell-Elam nos había dicho que estuviéramos pendientes del cielo entre las 7:00 y 8:30 PM, cosa que realmente no hice. En verdad estaba más pendiente del otro campamento, asumiendo interiormente la actitud de apoyarlos con mis meditaciones y buenos deseos. Lo único que me interesaba en lo particular, era procurar organizar y mantener armónico el campamento que recién levantábamos, aprovechar la ocasión para reflexionar sobre mis actitudes y realizar una profunda y provechosa meditación compartida con mi adorada esposa Elayne y los demás hermanos presentes.

 

Después de haber armado el campamento alrededor de las 5:00 PM, Sixto Inchaustegui salió a explorar el terreno dejando a su novia Yudy descansado en una de las casas de campaña, pues tenía una alergia desde temprano en la mañana que se complicó con fiebre en la tarde. Aproveché esa circunstancia y el silencio imperante para alejarme un momento a conversar interiormente con Dios y admirar la naturaleza del lugar, mientras mi esposa se quedaba tranquila dentro de la otra casa de campaña.

De regreso, con un hermoso atardecer como marco, invité a meditar a mi esposa. Sumergido en la profunda serenidad de la meditación sentí un flujo que venía de mi esposa hacia mí, el cual me penetró. En ese preciso instante percibí claramente en mi mente la frase “Su nombre cósmico es Eliah”, el cual posteriormente pude confirmar con Tell-Elam. Terminamos la meditación y Sixto Inchaustegui llegaba de su recorrido a las 6:30 PM. El resto del tiempo lo pasamos conversando los tres, ya que Yudy aún descansaba.

 

La noche lucía un cielo despejado con una resplandeciente luna llena cuando el reloj marcaba las 7:55 PM. Entonces sentí en mi interior que se vivía una importante experiencia en el otro campamento. La percepción fue tan fuerte que involuntariamente miré en la dirección en que este estaba ubicado. Pocos minutos después Sixto Inchaustegui se levantó de su silla cámara en mano, dirigiéndose hacia un pequeño cerro cercano. Casi de inmediato le pedí a mi esposa que fuéramos tras de él. Cuando llegamos a la cima encontramos al hermano filmando algo un poco más arriba del horizonte. El nos mostraba en su cámara la imagen de un punto blanco y brillante que se movía en zig-zag, comentándole a mi esposa que se trataba de una canepla. Mientras yo observaba la filmación mi esposa miraba al cielo y a todo su alrededor. Entonces Sixto Inchaustegui fue en busca de su novia. Me acerqué a mi esposa, le pregunté qué miraba y fue cuando ella observó un haz de luz azul brillante bajar del centro de un objeto suspendido en el aire. Haz que pude apreciar parcialmente antes de desaparecer, luego que ella llamara mi atención. Mi esposa me señaló un objeto situado a la altura de la copa de los árboles, que definió como un disco gris metálico oscuro, el cual según ella apreciaba, se balanceaba ligeramente de un lado a otro y de atrás hacia delante. Elayne pudo distinguir que la parte discoidal inferior del objeto giraba alrededor de su eje vertical, mientras que el domo superior permanecía estático.

Dado que padezco de una fuerte miopía no distinguía claramente el objeto en medio de la penumbra de la noche y no di en principio mucho crédito a sus palabras, a pesar de notarla sumamente impresionada. Era la primera vez que veíamos algo como aquello, sin embargo yo permanecía reflexivo y sereno pues no me quería engañar.

Mi esposa no pertenece a los grupos de la Misión y no tenía idea alguna del aspecto y/o forma de las naves. Además no está familiarizada con los temas que nosotros manejamos a diario, razón por lo cual es de fiar su testimonio.

Como si quisiera dejar sobreentendida su presencia, aquella nave giró unos 45 grados sobre su eje horizontal mostrando su parte inferior. Al hacerlo pude apreciar sin lugar a dudas que se trataba de un disco. Era enorme, estimo que mediría 15 metros de diámetro. A juzgar por su tamaño aparente y posición calculo que se encontraba aproximadamente a 80 metros de nosotros. El objeto retomó su posición horizontal, mientras se balanceaba ligeramente de un lado para otro.

 

Sixto Inchaustegui regresó con Yudy y Elayne indicó nuevamente donde se encontraba el platillo, pero Yudy no parecía convencida de lo que estábamos viendo. Puesto que soy muy racional consideré conveniente cambiarnos a una ubicación que nos permitiera observar mucho mejor aquel disco. Así lo hicimos, trasladándonos a otra colina situada como a 20 metros de distancia. Por estar aquel objeto tan cerca de los árboles no lo veíamos cuando descendimos al terreno llano, mientras caminábamos hacia la otra colina.

Desde nuestra nueva ubicación pude apreciar aquella nave sin interferencia alguna. Parecía mimetizarse con el entorno a juzgar por el hecho de que a veces se podía ver claramente y otras veces no. Quizás esto explica porqué Yudy tenía sus reservas respecto de lo que Elayne y yo estábamos viendo.

 

Sixto Inchaustegui estaba exaltado. Impulsivamente decidió salir en su vehículo todo terreno tras aquella nave para filmarla. Intenté hacerlo razonar advirtiéndole que si salía en su vehículo interrumpiría la armonía del lugar, entorpeciendo cualquier experiencia que se estuviera dando en el otro campamento o a cualquier otra persona. No entendía la razón de su actitud si teníamos aquella nave prácticamente en nuestras narices. Propuse hacer una meditación allí mismo, pero fue imposible lograr concenso. El y su novia se marcharon y la nave aún permanecía en el mismo lugar, no pudiendo ser filmada.

 

Mi esposa y yo permanecimos otro breve rato en aquella colina observando la nave. En un momento vi su figura con tal nitidez que me asombré profundamente. Aquella nave tenía la forma de disco lenticular con una cabina cilíndrica achatada encima, coronada por un pequeño domo en cuyo centro había una punta. Punta semejante a la que tenían los antiguos cascos del ejército alemán. Pude notar otros detalles del contorno de la nave, los que me parecieron ser ventanas o escotillas ubicadas alrededor de la cabina, mas el mimetismo no me permitía apreciarlos mejor.

Confieso que por breves segundos me asusté al tomar conciencia de lo cerca que se encontraba de nosotros y de su gran tamaño, pero me pude controlar casi de inmediato desterrando de mi interior aquel temor. Verla con tal detalle fue realmente impresionante.

 

No poder cohesionar al grupo me hizo perder algo de armonía, razón por la cual no me sentía apto para intentar recepcionar comunicación alguna. Además no percibía que la experiencia fuera a tomar un matiz más relevante. Cuando mi esposa y yo decidimos retirarnos a la casa de campaña eran las 8:30 PM y la nave aún seguía estacionada allí.

 

Más tarde, al cabo de aproximadamente 45 minutos Sixto Inchaustegui regresaba por nosotros para reunirnos con el otro campamento a compartir las experiencias.

 

 

Teófilo y Elayne

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